Carlos Palomeque y la escuela laboralista de Salamanca

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El pasado viernes 25 de noviembre tuvo lugar en Salamanca un acontecimiento académico singular. Se trató, como seguramente saben muchos de los amigos de este cuaderno de notas, de la celebración del Seminario sobre la obra jurídica del profesor Manuel Carlos Palomeque López, organizado por sus discípulos de las Universidades de Salamanca, La Laguna y Pública de Navarra con ocasión de su paso a la condición de profesor emérito de la primera.

¿Por qué organizar un seminario académico sobre la obra de nuestro maestro en lugar de un acto de homenaje en el que se destaquen sus muchas cualidades personales y profesionales, como es habitual que se haga en una ocasión tan señalada como esa?

En el discurso de presentación del Seminario, que tuve el honor de pronunciar entonces, encontrarán ustedes, queridos amigos, las razones que lo explican.

Los dejo, pues, con el texto.

Más abajo encontrarán la cobertura audiovisual que dio la Universidad de Salamanca al Seminario y el programa del mismo, para el cual tuvimos la satisfacción de contar conla participación de muy destacados exponentes del laboralismo español, europeo y americano.

Señor Rector Magnífico de la Universidad de Salamanca, señor Alcalde de Salamanca, Señora Directora General de Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales de la Junta de Castilla y León, distinguidas autoridades académicas, estimados profesores y profesoras, amigos y amigas, querida María Emilia, querido Carlos:

Permitanme que consuma unos minutos del precioso tiempo de este Seminario en presentar ante ustedes el especial sentido que este tiene. La razón por la que no se trata de un acto de homenaje similar a tantos otros a los que hemos podido asistir en el pasado.

Muchas veces me he preguntado qué es lo que hace que una escuela de pensamiento, y en particular una escuela laboralista, pueda ser considerada verdaderamente tal. Desde luego, ni la confluencia de intereses en torno a un espacio de poder académico, ni la vocación de actuar colectivamente para conseguir más beneficios en el reparto de los presupuestos universitarios, justifican la atribución de tan noble denominación. Por el contrario, creo firmemente que, en la Universidad, sólo cabe hablar de una escuela cuando los que la integran comparten una visión común y original sobre el fundamento de la disciplina científica que cultivan y el método a partir del cual es posible aproximarse a su conocimiento, enseñanza y aplicación.

Pues bien, si lo anterior es correcto, no parece que sean demasiados los núcleos de trabajo que actúan en nuestro espacio académico que merecen ser calificados como escuelas. Yo tengo, nosotros tenemos, la inmensa satisfacción de pertenecer a uno de ellos: la escuela laboralista construida en la Universidad de Salamanca, la Universidad de La Laguna y la Universidad Pública de Navarra en torno a la figura y la obra del profesor Manuel Carlos Palomeque López.

¿Por qué creo que es posible reclamar para nosotros la calificación, tan esquiva, de escuela laboralista?

La respuesta se encuentra, en mi opinión, en la comprensión original, materialista y crítica a la vez, del ser de nuestra disciplina, su función social y nuestro papel como juristas que le sirve de soporte. Una comprensión que no es fruto de una labor colectiva, sino del esfuerzo y la reflexión de una sola persona. Del maestro de todos los que la integramos: el profesor Carlos Palomeque.

Más allá de sus múltiples aportaciones singulares, todas de relieve, lo que hace especial y única la obra de Carlos Palomeque es la aportación de una explicación original del fundamento, la razón de ser o función histórica del Derecho del Trabajo, vinculada de manera directa con los acontecimientos que se sitúan en su origen y, en particular con la puesta en marcha de una singular operación política de legitimación del sistema social y económico dirigida a conseguir la integración del conflicto nuclear de intereses entre capital y trabajo asalariado mediante la construcción de soluciones normativas encaminadas a la consecución de un equilibrio estructural entre la preservación en manos de los empresarios de los poderes precisos para la explotación de la fuerza de trabajo y la tutela de la posición de los trabajadores asalariados sometidos a ellos.

Naturalmente, si el Derecho del Trabajo es “un hecho político- social ligado a la estructura que lo produce”, en palabras del propio Carlos Palomeque, la “indagación científica de sus términos” debe orientarse hacia “la adquisición del conocimiento jurídico-laboral en su contexto socio-histórico sustancial”. Una tarea indispensable que comporta una vía metodológica plural de aproximación a la disciplina, basada en un “triple canal sucesivo” de recopilación de información: la suministrada por las normas laborales y las categorías técnicas elaboradas a partir de ellas, la proporcionada por las circunstancias políticas, económicas y sociales que a ellas subyacen y la determinada por los valores que deben realizarse a través de la normatividad, recogidos en la Constitución.

El resultado es, así, una visión holística, poliédrica o total de las instituciones jurídico-laborales, basada en la combinación de tres perspectivas complementarias de análisis: la de su validez, la de su eficacia y la de su legitimidad.

Por supuesto, a este completo planteamiento subyace una visión del papel del jurista del trabajo como algo más que un “triste técnico neutro”, cuya función se limita a dar coherencia a la voluntad política manifestada a través del Derecho positivo. Más bien como un “sujeto crítico”, al que corresponde también el análisis de la legitimidad de los intereses protegidos por las normas, la valoración de su efectividad y la propuesta de nuevas soluciones y modelos normativos.

El pensamiento de Carlos Palomeque aporta, de este modo, una novedosa y lúcida perspectiva sobre la esencia de nuestra disciplina, la manera más adecuada de acceder su conocimiento y nuestro propio rol como juristas del trabajo.

Que sus discípulos hayamos decidido organizar este Seminario sobre su obra con ocasión de su paso a la condición de profesor emérito constituye, de este modo, un más que justificado reconocimiento a quien ha sabido ver más allá de las constantes mutaciones a las que el Derecho del Trabajo está sometido, para ofrecer una convincente explicación de conjunto de todas ellas.

Un privilegio que se encuentra solo al alcance de las mentes elevadas y los espíritus con altura de miras.

Pero no solamente. Es honrar a nuestro maestro siendo coherentes con aquello que nos enseñó y está en la esencia de su pensamiento y su praxis: la reflexión, el debate y la crítica. Reflexionando y debatiendo, una vez más, con él, pero no entre nosotros, sino en compañía de muy destacados juristas, españoles, europeos y americanos sobre su obra y su pensamiento jurídico singulares, lo mucho que han contribuido a la comprensión del ser de nuestra disciplina y la conformación de sus instituciones nucleares y lo mucho que están en condiciones de aportar para la construcción de un Derecho del Trabajo fiel a sus raíces, pero abierto al cambio y con vocación de futuro.

La estructura de este seminario responde con fidelidad a este propósito. Comenzando por su conferencia inaugural, cuyo objetivo es ofrecer una aproximación de conjunto al pensamiento jurídico del maestro, que sirva de marco para el análisis, en tres mesas de expertos, presentadas y moderadas por discípulos suyos, de los que constituyen los tres ejes fundamentales de su obra científica: “La razón de ser o función histórica del Derecho del Trabajo”, “Los derechos fundamentales laborales específicos e inespecíficos” y “La construcción del Derecho Sindical”.  Y cerrando la jornada con una conferencia de clausura, dirigida a hacer un balance de su contribución a la construcción del Derecho del Trabajo en España.

No es poco, desde luego, para un solo día, más aún cuando contamos con la generosa participación en este Seminario de muy destacados juristas procedentes de las dos orillas de ese océano inmenso que nos une y de cuatro países europeos. Y, por supuesto, con dos conferenciantes de excepción. Nada menos que los profesores María Emilia Casas Baamonde y Luis Enrique de la Villa Gil.

Nadie como ellos conoce el pensamiento del maestro y las condiciones dentro de las cuales se gestaron sus más relevantes aportaciones. Y nadie como ellos esta, por supuesto, en condiciones de valorar, desde el cariño inmenso pero también desde la objetividad, el papel que Carlos Palomeque ha ocupado en esa aventura irrepetible que, para los juristas del trabajo de su generación, supuso reconstruir desde sus bases el Derecho del Trabajo en España.

Nuestra gratitud infinita a todos nuestros ilustres invitados, por haber venido a Salamanca, en algunos casos desde muy lejos, para participar en este Seminario de homenaje a nuestro querido maestro.

Nuestras labores se iniciarán con una conferencia inaugural a cargo de la profesora María Emilia Casas Baamonde sobre “El pensamiento jurídico del profesor Manuel Carlos Palomeque López”. Permitanme por ello que concluya esta intervención con unas palabras sobre ella.

María Emilia Casas es, desde luego, portadora de una obra científica de la máxima excelencia y de una trayectoria institucional del mayor relieve. Continuadora directa de la obra del maestro Manuel Alonso Olea, fue la primera Catedrática de Derecho del Trabajo en España. Y se ha desempeñado, además, como magistrada primero y presidenta después del Tribunal Constitucional, en una etapa especialmente fértil y a la vez compleja del devenir de este.

En esta trayectoria destaca su profunda y perenne amistad con Carlos Palomeque, que se ha extendido a lo largo de más de 40 años. Y de la cual han emergido resultados científicos de gran relieve, compartidos por ambos al calor de la amistad, la lealtad y la confianza mutuas.

A María Emilia la encontramos presente ya en las primeras actividades organizadas por Carlos Palomeque en Salamanca, los muy recordados cursos de verano de principios de los años ochenta, que fueron el germen de la formación de nuestra escuela y el espacio desde el que muchos de los, por entonces, jóvenes talentos de nuestro mundo universitario se aproximaron a ella. Desde entonces nos ha acompañado siempre, con su magisterio y su ejemplo, en una fértil alianza que el tiempo no ha hecho más que fortalecer. Y que permite que la consideremos también como maestra nuestra. De allí que no hayamos dudado un instante en proponerle que imparta la conferencia inaugural de este Seminario.

Dejo, pues, con todos ustedes en el uso de la palabra a la profesora María Emilia Casas Baamonde.

Muchas gracias

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La cobertura audiovisual del Seminario puede verse desde el siguiente enlace:

http://saladeprensa.usal.es/atom/102576

El programa del Seminario sobre la obra jurídica del profesor Manuel Carlos Palomeque López puede verse desde el siguiente enlace:

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