¿Cómo combatir la pobreza y construir la igualdad en América Latina? El Programa de Bachelet

Brigada Ramona Parra, mural

Brigada Ramona Parra, mural

A partir de los años noventa se construyó en América Latina un discurso que, de forma paralela al desmontaje de los derechos laborales, sustentó que la pobreza se debía combatir esencialmente mediante programas de transferencia de recursos económicos a los sectores menos favorecidos. Es decir, por medio de los denominados “programas de transferencias condicionadas”. Esta fue, por ejemplo, la fórmula aplicada durante los años de la presidencia de Lula en Brasil, que tuvo en el programa “Bolsa familia”, dirigido a favorecer la salida de importantes sectores de la población de la pobreza mediante la asignación directa de un ingreso, su manifestación principal.

No cabe duda que esta clase de programas constituye una herramienta clave para integrar socialmente a sectores de la población víctimas de la pobreza extrema. Los problemas surgen cuando, como ha venido ocurriendo, se convierten en la única herramienta de política social de los Estados. O incluso en el pretexto para no poner en marcha otro tipo de medidas. Es decir, cuando se transforman en el interesado sustituto asistencial del desarrollo de medidas dirigidas a favorecer el acceso de la mayoría de la población a un trabajo decente y con derechos, sobre la base de entender que quienes cuentan con un empleo, sin importar sus condiciones, se encuentran integrados socialmente y no requieren ningún tipo de protección. Una afirmación manifiestamente contrastada por la realidad cotidiana de estos países, como todos sabemos.

De allí el interés del programa laboral con el que ha accedido recientemente a la Presidencia de Chile Michelle Bachelet, en la medida en que éste pone el acento, precisamente, en la necesidad de garantizar a todos los chilenos “un trabajo de calidad” o “decente”, sobre la base de entender que éste constituye, tanto “fuente de dignidad personal” y “de desarrollo y estabilidad de las familias”, como “de credibilidad de las políticas públicas y privadas” y “de la gobernanza nacional”.

Las medidas se postulan con el fin de favorecer el logro de este importantísimo objetivo son, desde luego, diversas. Su punto arranque se sitúa, no obstante, en la aspiración de “nivelar la cancha entre empleadores y trabajadores”, especialmente desequilibrada en los años de la dictadura militar, mediante actuaciones que “permitan compatibilizar” el “dinamismo, la competitividad y productividad” con “relaciones laborales que dignifiquen el trabajo”, “fortalezcan la sindicalización” y “la negociación colectiva” y promuevan “una justa distribución de las ganancias”.

Lo anterior supone, como es fácil de advertir, una reivindicación en toda regla de los derechos laborales colectivos. Estos no son ya vistos aquí como un elemento distorsionador del buen funcionamiento de la economía, que no había más remedio que tolerar pero intentando reducir al máximo su virtualidad, como sucedió en Chile en el pasado y sigue ocurriendo en muchos países de América Latina, sino como un instrumento fundamental, tanto de la política social como de la política económica, cuya potenciación es capaz de realizar una importante contribución, no sólo a la redistribución del ingreso y la dinamización de la economía, sino al equilibrio social y la estabilidad democrática de nuestras sociedades.

El programa laboral de Bachelet, al que accedo a través de mi querido amigo Álvaro Vidal, puede ser descargado desde el siguiente enlace:

http://michellebachelet.cl/programa/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s