AVANCE DE INVESTIGACIÓN: Los códigos de conducta y el vacío de gobernanza global

Josep Reanau, fragmento del mural La Hispanidad

Josep Reanau, fragmento del mural La Hispanidad

En principio, a nadie debería parecerle mal que una empresa multinacional se comprometa a exigir a todos los sujetos que contraten con ella –empresas auxiliares, proveedores, contratistas– el respeto de un núcleo básico de derechos laborales. Máxime cuando entre esos derechos se encuentran aquellos que pertenecen a la categoría de fundamentales y deben ser considerados de vigencia universal.

Todos ustedes saben, sin embargo, que no es así. Que los detractores de este tipo de prácticas son al menos tan numerosos como sus defensores. Y suman la mayoría si a ellos se añaden los escépticos.

Muchas veces me he preguntado si de verdad existen razones para ser tan crítico. O para mantener una posición de escepticismo frente a actuaciones que no parecen hacer daño a nadie.

El caso es que las hay. Y no pocas además. La preparación en las últimas semanas de un estudio sobre los códigos de conducta para proveedores y contratistas puestos en circulación por las multinacionales españolas, en el marco del Proyecto de Investigación sobre “La dimensión laboral de la internacionalización de la empresa española” al que ya me he referido aquí en alguna ocasión, me ha permitido sistematizarlas.

Para empezar, el carácter unilateral de estos instrumentos los convierte en un ejemplo de libro de despolitización de las reglas rectoras de las relaciones de trabajo, cuya presencia contribuye a neutralizar la demanda de normas de origen estatal o negociadas por los representantes de los trabajadores. A lo anterior debe añadirse que la configuración voluntaria de sus contenidos permite una elección “a la carta” de los derechos a proteger, que atenta contra la raíz de su fundamento humanista y propicia operaciones exquisitamente selectivas, por lo general en desmedro de los derechos de mayor potencial reivindicativo. Finalmente, el propio modelo de competencia global que guía la actuación de las empresas que formulan estas declaraciones, basado en la permanente reducción de los costes laborales, conspira en los hechos contra los objetivos garantistas que afirman perseguir.

Quienes defienden su utilidad sostienen, sin embargo, que estos códigos pueden servir para compensar los déficits de protección a los que se ven sometidos en muchos casos los derechos laborales en los países en los que suelen ubicar sus redes de producción las empresas multinacionales, a falta de reglas de Derecho Internacional directamente vinculantes que puedan cumplir esa función. Y que dichas empresas no actúan al impulsarlos movidas por razones puramente altruistas, sino guiadas por el interés de proteger la reputación de los productos que llevan sus marcas del “control difuso” que ejercen los mercados y la sociedad civil sobre las prácticas laborales injustas, inhumanas o abusivas que puedan producirse a lo largo de sus cadenas de producción o suministro.

¿Villanos o héroes?

Yo les diría que ni una cosa ni la otra. Si acaso ambas a la vez. Porque si algo me está permitiendo el estudio de los códigos de conducta de las multinacionales españolas es reafirmar una idea sobre esta cuestión que tenía ya con anterioridad. ¿Cuál es esa idea? La de que la respuesta depende de la configuración interna de cada instrumento. De lo que estipule el concreto código sometido a examen.

Hay algunos códigos, cómo negarlo, que responden al patrón más expuesto a la crítica, ya que son simples declaraciones, interesadamente incompletas en cuanto a los derechos que dicen proteger, además de desprovistas de carácter vinculante para los colaboradores de las multinacionales, así como de mecanismos de verificación de su cumplimiento. Pero no son los únicos. Ni tampoco necesariamente los se están elaborando en la etapa más reciente. Los códigos de conducta de última generación se apartan en mayor o menor medida de este cuestionable patrón, hasta llegar a supuestos en los que se atribuye al respeto de un conjunto sistemático de estándares laborales básicos construido a partir de las declaraciones internacionales sobre la materia el valor de regla de obligado cumplimiento para los socios comerciales de la empresa multinacional, se incluyen sistemas de control de su cumplimiento articulados con la participación de los trabajadores beneficiarios y sus representantes y se establecen sanciones para los infractores, las cuales pueden llegar hasta la ruptura de la relación mercantil.

Si en el primer caso las cosas parecen estar muy claras, conforme nos vamos acercando al segundo modelo, la posibilidad de que los códigos de conducta se encuentren en condiciones de cumplir un rol positivo de corrección de la falta de eficacia de los derechos laborales en muchos países se incrementa.

No se trata, en consecuencia, tanto de impugnar la existencia de estos instrumentos, que al fin y al cabo parece que han llegado para quedarse, como de someterlos a la crítica, con el fin de poner de manifiesto sus fortalezas y debilidades. Intentando, claro está, promover su progresivo acercamiento al esquema que está en mejores condiciones de cumplir ese rol.

Ese fue el trabajo que me propuse realizar respecto de los códigos de conducta de las multinacionales españolas en el estudio que acabo de concluir, del que anticipo a los tenaces amigos de este cuaderno de notas su parte introductoria.

Quien desee conocer su texto completo tendrá que esperar a la próxima aparición de la obra La dimensión laboral de la internacionalización de la empresa española, que lo incluye. Confío que la espera valga la pena.

Un extracto del artículo de Wilfredo Sanguineti titulado “Códigos de conducta para proveedores y contratistas de multinacionales españolas” puede ser descargado desde el siguiente enlace:

CODIGOS DE CONDUCTA PARA PROVEEDORES DE EMN ESPAÑOLAS -extracto- Wilfredo Sanguineti 

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