Cuando el futuro se convierte en el pasado …

Teodoro Núñez Ureta, Abogado de los años setenta

Impresiones de un laboralista “de las dos orillas” sobre la Reforma Laboral de 2012

La gentil invitación del Colegio de Abogados de Costa Rica para participar en el próximo Congreso Internacional de Derecho del Trabajo, a celebrarse en San José los días 10 y 11 de octubre, me ha servido para volver a aproximarme, aunque con una lente distinta, como es la de laboralista americano y europeo al tiempo, a la Reforma Laboral de 2012.

Pues bien, la impresión general que suscitan las medidas introducidas en esta ocasión a alguien como yo, que vivió de cerca la primera ola flexibilizadora de las legislaciones laborales latinoamericanas, es la de un sorprendente deja vù, en el que, por un llamativo golpe de mano del destino, el futuro termina convirtiéndose en el pasado.

Y es que, la desnaturalización del período de prueba para crear modalidades precarias de contratación, la reducción de las indemnizaciones por los despidos sin causa y la supresión en estos casos de los salarios de tramitación, la desaparición de las autorizaciones administrativas para la adopción de decisiones empresariales suspensivas y extintivas de alcance colectivo, la degradación del valor de la negociación colectiva sectorial en favor de la de empresa o el dejar caer los resultados de los procesos de negociación previos cada vez que se inicia uno nuevo, son, en todos los casos, medidas ya ensayadas en los años 70, 80 y 90 por las legislaciones flexibilizadoras de muchos países de América Latina.

Y especialmente en el Perú, donde la dictadura militar de Morales Bermúdez (1976-1980) introdujo nada menos un período de prueba de tres años para la adquisión de la protección frente al despido (Decreto-Ley 22126), en tanto que la dictadura de Fujimori (1992-2001) trajo consigo la reducción de las indemnizaciones por despido sin causa y la supresión de los salarios de tramitación (Decreto Legislativo 728), así como la marginación de la negociación colectiva sectorial y la caducidad de los convenios colectivos (Decreto-Ley 25593). 

Técnicamente, pues, la mayor parte de lo hecho en 2012 no supone sino volver a traer soluciones ensayadas previamente en otros países hace varias décadas, por gobiernos dictatoriales ademas. Lo más grave de todo es, sin embargo, que se trata de medidas cuya ineficacia a los efectos de conseguir los resultados que -según se declara al menos- se persiguen con su introducción se encuentra ampliamente documentada por la experiencia hace ya bastante tiempo.

Lo anterior nos conduce a preguntarnos lo siguiente: si no es la efectividad ¿qué hay detrás de estos cambios, propuestos unánimemente por las instituciones europeas, los países hegemónicos del continente y los mercados como “las necesarias” para salir de la crisis?

Soy de los que creen que se trata, antes que nada, de medidas adoptadas desde el más puro ideario neoliberal, aprovechando la delicada situación creada por la crisis, con el fin de socavar las bases del modelo social europeo, construido a partir del compromiso entre eficiencia económica y sostenibilidad social, y sustituirlo por otro basado en los menores costos del factor trabajo como elemento clave de competitividad. De hecho, hay quien piensa que, si la crisis está durando tanto en Europa, es precisamente para potenciar al máximo ese efecto destructor.

Pero, además, se trata de medidas destinadas a hacer recaer los costos de la salida de la crisis sobre quienes no contribuyeron a generarla. Su objetivo último es, en este sentido, favorecer una política de fuerte reducción salarial y degradación de las condiciones de trabajo, a vista de que, desde la entrada en vigor del Euro, los gobiernos nacionales europeos han perdido la capacidad de devaluar sus monedas para recuperar competitividad ante situaciones de shock asimétrico como las vividas.

Una crisis financiera termina, de este modo, por ser afrontada como una crisis “laboral”. Mientras que, en lo que Ernesto Ekaiser ha calificado como “una espectacular jugarreta del destino”, aquellos que sembraron las condiciones para el estallido de la crisis (banqueros, políticos de ideología neoliberal, empresarios, especuladores, bancos centrales) han terminado por ser los que dictan la hoja de ruta para salir de ella. Una hoja de ruta en la que “no hay otra alternativa” que seguir aplicando los principios que nos condujeron al desastre y pasar la factura a los de siempre.

El que acaba de ser descrito no es, de todas formas, un modelo que resulte compatible con los principios que inspiran la construcción de la Unión Europea y el diseño de su modelo social, plasmados en los tratados que regulan su constitución y funcionamiento. En particular, con la tendencia al pleno empleo, el progreso y la cohesión social, proclamada por el artículo 3.3 del Tratado de la Unión Europea. Así como con los objetivos sociales marcados por el artículo 151 del mismo, que apuntan al fomento del empleo y a la equiparación de las condiciones de vida y de trabajo por la vía del progreso y no de su degradación.

Por el contrario, la garantía de estos objetivos exige, como plantean los primeros documentos comunitarios que cité, propiciar una regulación de las relaciones de trabajo que:

• De un lado, proporcione a los empresarios las dosis de flexibilidad que requieren, en particular en lo relativo a la dinámica interna de la relación laboral, para un funcionamiento eficiente y competitivo de las empresas.

• Mientras que, del otro, garantice a los trabajadores un régimen jurídico del contrato de trabajo que le permita disponer de niveles adecuados de seguridad en cuanto su calidad y el mantenimiento del empleo

En suma, un régimen de “flexiseguridad”, seguramente sí, pero, en todo caso, “en el contrato” y no “en el mercado”, como se pretende.

Como botón de muestra de lo dicho, me permito poner a disposición de los lectores de este blog las “señeras” normas peruanas que operan como antecedente remoto de la Reforma Laboral española de 2012:

Decreto-Ley 22126 – Periodo de prueba de tres años

Decreto Legislativo 728 – Reduccion de la indemnización por despido y supresión de los salarios de tramitación

Decreto-Ley 25593 – Degradación de la negociación colectiva sectorial y caducidad de los convenios a su vencimiento

3 comentarios en “Cuando el futuro se convierte en el pasado …

  1. En mi opinión, la mayoría de los empresarios, aunque no sepan nada de latín aplican la máxima atribuída a Hobbe (aunque tiene su origen en Roma, ya antes de Jesucristo) de: “Homo homini lupus est”. Pasan los años, corren los siglos, pero el humano, con cierta frecuencia, inicia su camino hacia las cavernas. Un saludo.

  2. Alguien decía que la historia del derecho laboral es como un péndulo, a veces va para la izquerda otra para la derecha. Los trabajadores deben conocer que las formulas que pretenden aplicar hoy son medidas que tal vez tengan nombres nuevos, pero que tendrán las mismas consecuencias nefastas que en el pasado, en cuanto a reducción de derechos laborales.

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