Desde el Cusco, en el Centenario de Miguel Hernández

La poesía es un arte sutil. Nada hay más íntimo y a la vez mágico que un poema. Algunos poetas, sin embargo, han sido capaces de expresar a través de su poesía sentimientos universales. Miguel Hernández es, para mí, uno de ellos. En concreto, el poeta de la solidaridad, la compasión y la empatía con los más débiles y con quienes luchan por transformar su situación. Por ello, aunque éste no es un espacio dedicado a la literatura, he querido el día de hoy, que es el de su centenario, hacer mi particular homenaje al poeta incluyendo en esta entrada uno de sus varios poemas dedicado al trabajo (a su carácter transformador, en concreto) y una imagen en la que se lo en el frente, al lado de los soldados, recitando para ellos uno de sus poemas.

EL SUDOR

En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

Llega desde la edad del mundo más remota
a ofrecer a la tierra su copa sacudida,
a sustentar la sed y la sal gota a gota,
a iluminar la vida.

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano
de la lágrima, deja rodando por las eras,
del abril al octubre, del invierno al verano,
áureas enredaderas.

Cuando los campesinos van por la madrugada
a favor de la esteva removiendo el reposo,
se visten una blusa silenciosa y dorada
de sudor silencioso.

Vestidura de oro de los trabajares,
adorno de las manos como de las pupilas,
por la atmósfera esparce sus fecundos olores
una lluvia de axilas.

El sabor de la tierra se enriquece y madura:
caen los copos del llanto laborioso y oliente,
maná de los varones y de la agricultura,
bebida de mi frente.

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos
en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,
no usaréis la corona de los poros abiertos
ni el poder de los toros.

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:
la encendida hermosora reside en los talones
de los cuerpos que mueven sus mienbros trabajados
como constelaciones.

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,
con sus lentos diluvios, os hará transparentes,
venturosos, iguales.

Poema escrito en Jaén, publicado en Viento del pueblo septiembre 1937

“El sudor”, plumilla de Palmeral

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2 comentarios en “Desde el Cusco, en el Centenario de Miguel Hernández

  1. “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”
    Pablo Neruda

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