¿Dos posturas sobre el rol de la responsabilidad social de las empresas multinacionales?

  

James Ensor, Intriga, 1911

 

La necesidad de prestar la atención que se merece a la reciente reforma laboral española me ha impedido hasta hoy comentar una nota aparecida en el Inteligence & Capital News Report el pasado 30 de junio. En ella se presentan las conclusiones a las que ha llegado el Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) sobre la actuación de estas empresas en la región luego de varios años de seguimiento de las mismas. Para esta institución, la pretendida asunción por parte de dichas empresas de imperativos de responsabilidad social (RSE) no es más que un “barniz” que está “destinado a ocultar las violaciones a los derechos humanos y la degradación al medio ambiente“.   

Esta visión negativa parecería contrastar con el punto de vista de quienes consideran que la RSE puede constituir un instrumento útil para reconducir la práctica de dichas corporaciones hacia cauces compatibles con el respeto de esos derechos y la conservación del planeta. Grupo en el que me incluyo.   

Sin embargo, no es así. En realidad, la RSE puede cumplir -y de hecho cumple- ambas funciones. Operar como “coartada” para encubrir actos profundamente desconocedores de sus valores o convertirse en un medio capaz de contribuir a recuperar la conexión perdida entre la economía y los valores sociales y ambientales en la era de la globalización.   

¿De qué depende que desempeñe uno u otro rol?      

Al menos en lo que a la materia laboral se refiere, creo que la diferencia puede situarse en dos aspectos nucleares: a) la asunción de compromisos serios, efectivos y tangibles; y b) la participación de los afectados (stakeholders), tanto en la determinación de esos compromisos como en el control de su cumplimiento.      

Los anteriores no son requisitos que se cumplan en todos los casos. Pero al menos cuando se trata de empresas que han suscrito acuerdos marco internacionales con las federaciones sindicales mundiales de rama de actividad que los satisfacen o han elaborado códigos de conducta que se adaptan a los mismos.Que en la actualidad el dumping social sea, con diferencia, más frecuente que la RSE, como constatan los observadores del OMAL, no debe impedir reconocer y destacar las experiencias positivas que en este ámbito existen.     

La gran cuestión que aquí se plantea, al menos en mi opinión, es otra: ¿por qué las empresas multinacionales, a las que en términos inmediatos beneficia más el dumping que la RSC podrían tener interés en comprometerse con ésta? ¿Hay algún motivo, más allá del altruismo en contra del cual presiona todos los días la competencia despiadada de los mercados, que pueda impulsarlas a ello?     

Naturalmente, incluso si se responde afirmativamente a este primer interrogantes, surge inmediatamente otro: ¿cuáles son los límites de estas prácticas en un mercado altamente competitivo? ¿Pueden éstas cumplir un rol relevante para mitigar el, en principio, irrefrenable afán depredador de esta clase de conglomerados?       

De la respuesta que se dé a ambas preguntas depende, cómo es obvio, que la RSC tenga verdaderamente futuro.     

A CONTINUACIÓN LA NOTICIA:       

Barniz responsable

Las multinacionales siguen suspendiendo en la implantación de la RSC en sus filiales en países emergentes

El OMAL revela que los programas de RSC de las transnacionales son sólo “maquillaje” para ocultar sus desmanes       

Llevan tiempo disputándose la medalla de la responsabilidad social, la gestión transparente y el enfoque al desarrollo sostenible. Se erigen en adalides de la protección medioambiental y alardean de su preocupación por el cambio climático pintando de verde sus estrategias corporativas ante la atenta mirada de los grupos de interés. Las compañías han entrado de lleno- consciente o forzosamente- en la nueva “era de la responsabilidad” como antídoto contra las corruptelas y afanes cortoplacistas de antaño. Y las campañas de marketing e informes anuales adoptan un sesgo “responsable” hasta en todos sus detalles, desde la búsqueda de proveedores sostenibles hasta la implantación de la RSC en las tradicionalmente olvidadas filiales de las economías emergentes. Sin embargo, las malas prácticas y la opacidad siguen predominando allí donde la mirada de los stakeholders se enfoca más despacio y con menos pundonor. Desde flagrantes atentados a los derechos humanos hasta plantas nucleares obsoletas e incapaces de funcionar, pasando por fallos en los suministros que hacen peligrar la seguridad de las comunidades, lo cierto es que la actuación de la mayoría de las multinacionales en los países emergentes está muy lejos de seguir los criterios que sus propios programas esgrimen en el primer mundo.

Esta es al menos la conclusión del Observatorio de Multinacionales de América Latina (OMAL) durante un seminario internacional organizado por el Centro de Investigaciones sobre Inversión y Comercio (CEICOM) que analiza esta problemática. Una vez más, el barniz responsable salta a la palestra, ésta vez destinado a ocultar las violaciones a los derechos humanos y la degradación al medioambiente. Entre las razones para estos desmanes se encuentra el afán por abrir nuevos mercados de trabajo a costa de mayor explotación laboral, un hecho que no contribuye al desarrollo, ni a la lucha contra la pobreza y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).       

PRINCIPIOS PRECARIOS       

Así, el OMAL ha revelado que durante los últimos años la calidad del empleo en las transnacionales ha empeorado a través de un aumento de la subcontratación y que la Responsabilidad Social trata de ocultar esos impactos y violaciones a derechos fundamentales como el de la sindicalización. Es, por lo tanto, un barniz brillante pero cuajado de grietas que busca que los grupos de interés y los organismos internacionales perciban que las multinacionales han mejorado su comportamiento hacia las comunidades emergentes. Las cifras, sin embargo, están ahí; y OMAL asegura que la mayoría de las transnacionales españolas más fuertes en Latinoamérica destinan apenas un 1% de sus beneficios a programas de RSE.  

(…)       

Beatriz Lorenzo       

Noticia aparecida en Inteligence & Capital News Report el 30 de junio de 2010.       

El texto completo puede ser consultado en el siguiente enlace:       

http://www.icnr.es/articulo.php?n=100629001456       

La página web del OMAL:       

http://www.omal.info/www/ 

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