Despedida por ser “demasiado guapa” (y hacer que se note)

El día de ayer, el diario El Mundo se hizo eco de la denuncia de una trabajadora neoyorquina, aparecida originalmente en el semanario Village Voice, que declaraba haber sido despedida por la entidad bancaria para la que trabajaba debido a su aspecto físico y forma de vestir, particularmente llamativos. Dicho con pocas palabras: por ser “demasiado guapa” y hacerlo notar con una vestimenta apropiada.

Esta es una noticia que se presta, como es obvio, a múltiples comentarios. La cuestión de fondo que a ella subyace, sin embargo, es un verdadero clásico dentro de la reflexión laboralista. En efecto, más allá de los detalles del caso, lo que en él se expresa con toda claridad es un conflicto entre, de una parte, el derecho de la trabajadora a elegir su forma de vestir y, a través de ella, la apariencia que desea transmitir a los demás, y el del empresario a condicionar esa elección cuando ello constituya una necesidad objetiva para el buen desarrollo del trabajo o esté en condiciones de afectar de forma relevante sus intereses legítimos.

Que el empleador puede condicionar la apariencia del trabajador, imponiéndole ciertos códigos de vestimenta, no es algo que sea difícil de admitir. Basta con comprobar los múltiples supuestos en los que el personal de determinadas compañías se ve constreñido a usar un uniforme durante la jornada de trabajo. Para ello es preciso, no obstante, que exista detrás de tal decisión un interés empresarial de suficiente entidad como para imponer la restricción de un derecho tan vinculado al libre desarrollo de la personalidad como es el de determinar la propia imagen. Éste es el caso, por ejemplo, de la exigencia de identificación del personal de vuelo, tratándose de una empresa de transporte aéreo.

Desde este punto de vista, lo que resulta difícil identificar en el caso es, precisamente, dicho interés. Ni el trabajo parece ser uno que requiera, por su propia naturaleza, la adecuación a unos determinados códigos de vestimenta, ni es posible establecer que la manera como adorna su indumentaria la trabajadora perjudica de forma objetiva los intereses de la empresa, por ejemplo por dañar su buena imagen. Algo que pudiera ocurrir, por ejemplo, si la misma lleva a cabo sus labores de cara al público y su apariencia se aleja notoriamente de los usos del sector o de lo que socialmente se espera de las personas que se dedican a esas actividades. Naturalmente, ausentes una y otra motivación, cierto concepto de “decoro” o “recato” en el vestir no constituye argumento suficiente para fundamentar la limitación de su derecho a configurar su apariencia personal.

A CONTINUACIÓN LA NOTICIA:

Despedida por ser demasiado sexy

Una neoyorquina de 33 años ha de mandado a Citibank por haberla despedido por, según la mujer, vestir demasiado provocativamente en su lugar de trabajo.

Debrahlee Lorenzana ocupa la portada de esta semana del gratuito Village Voice bajo un significativo título: ¿Es esta mujer demasiado sexy para trabajar en un banco?

Según Debrahlee Lorenzana (de madre puertorriqueña y padre italiano), nada más comenzar a trabajar en el banco, en septiembre de 2008, fue víctima de “comentarios sexistas e inapropiados” por parte de sus compañeros masculinos. Sus jefes le recomendaron que moderase su vestuario: no podían concentrarse en su trabajo porque el aspecto de la chica les distraía, dijeron.

Entre otras cosas, le pidieron que dejase las ropas provocativas. A saber, faldas lápiz, trajes entallados, tacones y ¡jerséis de cuello vuelto!

Cuando la joven esgrimió que algunas compañeras también vestían esas prendas, “dijeron que sus cuerpos eran diferentes del mío, y yo llamaba demasiado la atención”, relata al Voice.

Primero traslado, después despido

En mayo de 2009, Lorenzana pidió el traslado a otra sucursal bancaria. En julio le concedieron el traslado, pero un mes después fue despedida por escaso rendimiento laboral.

En noviembre del año pasado la joven demandó a su banco por la pérdida de ingresos y el estrés que le supuso el despido, aunque el caso se ha conocido ahora, tras aparecer en la portada del Voice. En un comunicado, Citibank ha dicho que cree que “este caso no tiene base”, según The Chicago Tribune.

La demandante dice que tras su despido ha encontrado trabajo en otro banco y que, pese a que no ha cambiado su vestuario (que dice comprar, fundamentalmente, en Zara), no ha recibido quejas de sus compañeros.

Noticia Publicada en el Diario EL MUNDO (edición digital) el viernes 4 de junio de 2010 

La cobertura original de la noticia por  Village Voice:

http://www.villagevoice.com/2010-06-01/news/is-this-woman-too-hot-to-work-in-a-bank/
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