Al cierre del 2010 …

 

El 2010 ha sido un año difícil, en el que las expectativas de una salida de la crisis desde la solidaridad y el afianzamiento de los valores sociales se han alejado, al menos en lo que al espacio de la Unión Europea se refiere. La crisis de la deuda soberana ha impulsado una ofensiva del neoliberalismo impensable solo doce meses antes, que amenaza con poner en peligro incluso lo que del modelo social europeo había sido posible conservar hasta ahora. 

Los sentimientos que esta situación genera en quien escribe estas líneas se sintetizan en el siguiente poema de Cesar Vallejo, que me gustaría compartir con los lectores de esta bitácora en estos días de celebración y balance. Con él me despido hasta el año que viene.

ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA …

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado a la diestra del zurdo, y responder al mudo,
tratando de serle útil
en todo lo que puedo y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, provecto!
Me viene a pelo,
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudarle a matar al matador —cosa terrible—
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.

Cesar Vallejo
De: Poemas humanos

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